XIV Premios Goya 2000

Periodistas en aceite vegetal

Tal vez eso, el aceite, era lo único que nos faltaba a la prensa para parecer sardinas en lata. Puede que la ceremonia fuera muy bonita, pero la sala en la que nos encontrábamos los sufridos reporteros no se correspondía con el resto: o éramos muchos (que los éramos, pero esto era fácil de prever) o la sala era ridículamente pequeña para que allí cupiesen cámaras, fotógrafos, periodistas y demás fauna. El consiguiente problema era que cuando el ganador del Goya era llevado allí para hacerse la foto de rigor, el pobre no daba abasto para atendernos a todos: unos querían que se pusiese delante del micro (sino las cámaras no captaban el sonido) mientras otros no querían (para que el micro no se viese en la foto), cada uno le pedía que mirase hacia un lado... Esto probablemente no hubiese sucedido si, como en los Oscar, hubiese habido un primer lugar donde posar para las fotos y, algo más allá, otro para contestar a las preguntas (donde por cierto hubiese sido buena idea colocar un soporte para dejar el Goya, porque bastante tenían los ganadores con responder a los periodistas, como para tener que practicar al mismo tiempo levantamiento de pesas). Y el problema no era que no hubiese suficiente espacio, sino que había que distribuirlo mejor a lo largo del pasillo (sí señores, ni tan siquiera una sala, sino un simple pasillo) donde nos colocaron.

Como ya he comentado, puede que la ceremonia fuese bonita. Claro que yo no la vi, y al igual que yo ninguno de los que nos encontrábamos esperando a los ganadores. Ni un solo monitor, ni una escucha de audio, ni nada de nada. Total, que esperemos que todos los medios pudiesen mandar a más de un profesional, para que uno esperase a hacer la foto mientras el otro seguía la retransmisión en la sala contigua, porque sino lo iban a tener crudo. Y no sólo esto, la desinformación llegaba a tal punto que cuando llegaba el profesional en cuestión con el Goya en la mano, uno no sabía quien era. Y es que todos reconocemos a Pedro Almodovar (quien más quien menos), pero los pobladores de otras candidaturas suelen ser poco conocidos. Pero por mucho que lo sean, no debe gustarles que un periodista les pregunte cómo se llaman y que han ganado!! Sin duda esto hubiese podido arreglarse (de hecho a medida que avanzaba la noche se intentó hacer) si alguien de la organización hubiese ido anunciando quien aparecía.

Si queremos que los Goya tengan tanto glamour como otros festivales, éste sería un punto a tener en cuenta. Y es que no sirve sólo con que sea bonito por fuera, para respaldar eso tiene que ser también bueno por dentro. Está muy bien que se invite a los periodistas a cubrir el evento. Pero si se les invita a realizar un trabajo, lo menos que se podría hacer es dejárselo realizar en condiciones dignas, y no como cerdos llevados al matadero. O sea, bien apretaditos que así caben todos en menos espacio.

Minerva L.

Columnas
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