#726- Mucho más que una voz.
 

 

Aunque inexorablemente María Dolores Pradera (Madrid, 1924/1926-Madrid, 2018) será siempre, eternamente, recordada por esa voz inconfundible, armónica, elegante y personal que ya ha pasado a los libros de la historia por sus interpretaciones musicales, con temas tan famosos, que ella hizo tan propios como “La flor de la canela”, “Limeña”, “Amanecí en tus brazos” o “Toda una vida”, no hay que olvidar su paso, triunfal aunque corto, por el teatro y el cine. Señora de la escena, además de señora de la voz, sus interpretaciones en directo de las canciones que la hicieron grande eran toda una gran clase de interpretación. Y no por azar, porque María Dolores Pradera se inició a mediados de los años 40, concretamente en 1942, con un Madrid todavía renqueante del disloque de la Guerra Civil, en esa escuela imprescindible para intérpretes de todo tipo que es el teatro, a la que añadió rápidamente el cine. Así en 1943 debutaba en un pequeño papel en “Mi vida en tus manos”, de Antonio de Obregón, a las que siguieron, entre otras, “Yo no me caso” (1944), de Juan de Orduña; “Altar mayor” (1944), de Gonzalo Delgrás, y en compañía de Fernando Fernán Gómez, con quien se casaría en 1945, en una de las mejores comedias de aquellos años como “Los habitantes de la casa deshabitada” (1946), también de Gonzalo Delgrás, y especialmente en “Vida en sombras” (1948), de Lorenzo Llobet Gracia, un sentido homenaje al cine, que la censura maltrató.

María Dolores Pradera frecuentó el teatro con la misma dimensión de gran señora como lo hizo en cine, interpretando grandes piezas como “Todos eran mis hijos”, de Arthur Miller; “Don Juan Tenorio”, de José Zorrilla; “Cyrano de Bergerac”, de Edmond Rostand; “El jardín de los cerezos”, de Antón Chéjov, y “Mariana Pineda”, de Federico García Lorca. Pero no cabía duda que su vocación, su destino, era su voz y por eso, tras rodar algunas películas de menor calado en las décadas de los 50 y los 60 y aparecer en algunas series televisivas de la época como “Primera fila” o “Confidencias”, a principios de los 70, concretamente en 1971 y en la película “La orilla”, de Luis Lucia, donde también trabajó Julián Mateos, abandona definitivamente la interpretación para dedicarse al mil por mil a la canción que ya llevaba desde la década de los 60 alternando con sus trabajos en teatro y televisión. Una decisión que hizo que el mundo de la canción se ganará una de las voces más auténticas y bellas del panorama de la canción en nuestro país, pero que a la vez, perdía a una de las actrices con más futuro de aquellas décadas.

Es bueno embriagarse de esa voz extraordinaria, pero también es bueno no olvidar sus orígenes como actriz y de cómo el teatro y el cine ayudaron, no cabe duda, a que cada una de sus canciones no solo tuviera su voz si no también su interpretación. A sus 93 años, María Dolores Pradera ha dejado una herencia inigualable, la de su sensibilidad musical y la de su fortaleza interpretativa.

Coda: “No basta con saber, se debe también aplicar. No es suficiente querer, se debe también hacer”. Johann Wolfgang von Goethe (Fráncfort del Meno, 28 de agosto de 1749-Weimar, 22 de marzo de 1832) fue un poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán.

Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

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