#723- Más allá de los premios.
 

 

Por una vez, y sin que sirva de precedente, el palmarés de los premios Goya 2018 ha sido razonable y equitativo. Como no podía ser de otra manera, “La librería”, la excepcional película de Isabel Coixet, ha ganado los tres premios de las tres categorías que dan dimensión y confirman la entidad de una obra cinematográfica como es la película en sí misma, el director o directora, en este caso Isabel Coixet (es imposible que si una película es la mejor su director/directora no sea el/la mejor) y el guión (en este caso el mejor guión adaptado, como muy bien se sabe basada en una novela de Penelope Fitzgerald, que firma también Isabel Coixet), que es la tercera pata de lo que es una obra cinematográfica.

Una película menor como “Handia” (que lejos están sus directores Jon Garaño y Aitoir Arregi de aquella pequeña maravilla que fue “Loreak” (2014), donde Aitor Arregi oficio de coguionista y Jon Garaño y José Mari Goenaga de directores), se llevó, dado el número de nominaciones (13), diez Goyas de esos elementos artísticos y técnicos que dan dimensiona una película, pero que no la hacen la mejor, pese a la excelente banda sonora de Pascal Gaigne (uno de los premios más merecidos).

Con “Estiu 1993” (a ver si desde el resto de España se respetan los títulos originales en catalán igual que se hace con los títulos en euskera), pasó lo que debía pasar, su directora Carla Simón ganó el premio como mejor dirección novel, aunque quien más se lo merecía era Lino Escalera por esa gran película que es “No sé decir adiós”, de los mejor que se ha hecho en nuestro país sobre el duelo, más dos Goya de consolación a dos de sus intérpretes.

Por lo que hace referencia a los premios personales a las actrices y actores, ya desde las nominaciones los premios estaban cantados y nadie le puede discutir a Nathalie Poza su Goya como mejor actriz por esa hija doliente de “No sé decir adiós”, ni a Javier Gutiérrez por ese peligroso vecino en “Autor”. Al igual que no se puede dudar de la justicia del premio a la extraordinaria actriz malagueña Adelfa Calvo, como mejor actriz de reparto por su excepcional trabajo como la portera en “El autor”, aunque el premio en esta misma categoría a David Verdaguer, como el tío de Frida, la niña protagonista, suena a premio de consolación porque más justo era el haberlo concedido al, como siempre, un gran Antonio de la Torre, como el aprovechado profesor de escritura creativa en “El autor”.

Y en otros premios muy pocos debates, porque quien discute que “Tadeo Jones 2: El secreto del Rey Midas”, es la mejor película española de animación de 2017, y que el documental “Muchos hijos, un mono y un castillo”, de Gustavo Salmerón, es un documental tan insólito como merecedor de premio, aunque no hay que olvidar el gran documental de Félix Viscarret, “Saura (s)”, que no necesita de premios para ser grande e indispensable.

En definitiva, que por una vez y sin que sirve de precedente, esta edición de los premios Goya de la Academia del Cine Español ha sido la que mejor ha dibujado el panorama de lo que ha sido el cine en España en 2017, aunque hay un gran lunar, el hecho de que esa gran comedia de la vida que es “Perfectos desconocidos”, de un excelente Álex de la Iglesia, no haya ni estado en las nominaciones. ¿Algún día explicará la Academia del Cine Español como se hacen las nominaciones y como son los porcentajes obtenidos por los ganadores?

Coda: “Saben, el mejor premio que la vida ofrece, es trabajar duro en lo que valoras”. (De la película “Un puente hacia Terabithia”, 2007, de Gabor Csupo.

Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

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