#719- Subidas y bajadas.
 

 

Al empezar el año, cualquier año nuevo, se producen las fatídicas, inexorables y demoledoras subidas de tarifas. Por hablar de Barcelona, que es lo que más cerca me queda, sube el transporte público, el gas y no sé cuantas cosas más que, de una forma u otra, van a repercutir en el bienestar de los ciudadanos, de los que votan religiosamente porque creen (¡ilusos de ellos!) que el sistema democrático es justo y participativo, sin entender que los que hacen política (que no políticos que es un concepto mucho más serio y comprometido), son unos vividores que lo único que quieren es no soltar la poltrona que en su día ocuparon gracias a un sistema electoral tan malo como perverso. Para ello es necesario jugar, como el trilero, con los llamados presupuestos, bien sea del Estado, de las Comunidades o de los Ayuntamientos, dando un caramelito a los más inocentes y quitándoles los dos bombones que guardaban con celo para el día de mañana.

Nunca las subidas se compensan con las bajadas, porque a la habitual y periódica subida de los carburantes, siempre, siempre se suceden disimuladas subidas en la cesta de la compra, en las energías, renovables o no, en determinados servicios, como las autopistas, que de forma injustificable suben sus precios cada año, por no hablar de lo que cobran los bancos por lo que llaman gastos. Es decir, el ciudadano medio está siempre pagando por encima de lo que recibe (no hablemos de las pensiones que años tras año hacen más pobres a los ancianos), siempre ajustando su presupuesto mensual para poder seguir viviendo de forma mínimamente decente.

Y mientras esto sucede los que viven de la política (repito que no políticos, porque estudios sobre política tienen muy pocos), te prometen el oro y el moro, como está pasando con el IVA del cine. Se llevan meses anunciando, a bombo y platillo, la próxima bajada del IVA del actual 21 por ciento al 10 por ciento. Desde el pasado mes de septiembre se está vendiendo esa posible bajada de uno de los impuestos más aberrantes que ha puesto ningún gobierno español desde que la democracia se estableció en este país, porque el cine aunque muchos lo nieguen es cultura y no solo espectáculo.

Pero no hay que extrañarse, desde que la ilustre generación del 98 lo consideró un arte menor, que el cine no esté presente en las páginas de cultura, sino en las de espectáculos, lo mismito que le pasa al teatro o a la música. Hay quien dirá que se habla de espectáculo porque es un actividad creativa en la que participan muchos consumidores, lo que actualmente con las nuevas tecnologías es una falacia, porque el cine, concretamente el cine, cada vez se vez más en solitario. Pero ese famoso anuncio de la bajada del IVA de los cine está pendiente, como espada de Damocles, de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, que como bien se sabe dependen de la voluntad política (una forma borde de decir de los intereses) de eso que en nuestro país denominan partidos políticos.

Es decir, que mientras nos roban los dos bombones que nos guardábamos para tiempos difíciles, nos distraen con el caramelito que todavía no sabemos ni de que sabor es. Vivir para ver. Por lo tanto no preocuparse, a cada año nuevo, nuevas subidas, más inestabilidad y más falsas promesas. A vivir que son dos días.

Coda: “El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible” (Oscar Wilde, 1854-1900, escritor, dramaturgo y poeta irlandés)

Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

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