#715 - El traje
 

 

Hay una película española que lleva por título “El traje”, realizada en 2002 por Alberto Rodríguez, el director que después ha triunfado con películas ya claves en el cine español como “Grupo 7” (2012), “La isla mínima” (2014) y “El hombre de las mil caras” (2016), no tiene nada que ver con el título de este “Fundido en negro”.

Este traje del que quiero hablar se refiere a Meryl Streep, una actriz como la copa de un pino, pero que como todo ser humano también tiene sus debilidades. Y voy a comentar lo del traje de Meryl Streep, porque hablar de la ceremonia de entrega de los Oscar de este año, con el desastre del premio a la mejor película incluido, sería un peligroso acto de masoquismo en el que no quiero caer. Los Oscar, a esa edad de senectud que son los 89 años, donde debería primar la cordura, parece que hayan entrado en un Alzheimer avanzado, donde el aburrimiento, lo previsible, las cuotas étnicas (el año que viene, no lo duden, volverán los hispanos) y los dislates se han apoderado de un cuerpo ya corrupto.

Por eso es mejor pararse a mirar ese cruel escenario que es la alfombra roja, donde el menos gilipollas sigue haciendo el ridículo, porque como dijo el novelista y dramaturgo inglés Henry Fielding (1707-1754): “La moda es la ciencia de la apariencia, y que inspira a uno el deseo de parecer más que de ser”. Pues parece ser que Meryl Streep estaba entusiasmada con un diseño de Karl Lagerfeld en seda gris con bordados de cristal, una de las creaciones del artista alemán para la nueva colección de Chanel, la famosa casa francesa. El vestido fue encargado, Streep demandó ciertos ajustes en el diseño para adaptarlo a sus formas (una personalización que exigen todas las estrellas), sin embargo la relación entre Chanel y Streep se frustró cuando la actriz exigió dinero por llevar el traje.

Lagerferld estaba a punto de terminar el diseño cuando la asistente de la intérprete le llamó y le pidió que detuviera todo. Otro diseñador había ofrecido a la actriz la friolera de cien mil dólares por llevar su creación. “Ya teníamos los dibujos hechos y habíamos empezado a coser el vestido”, ha revelado Lagerfeld, molesto. Finalmente, el diseño fue cancelado. En Chanel mantienen su política de no pagar a las celebridades por llevar sus diseños, una práctica cada vez más extendida entre las estrellas y sus estilistas. Los diseñadores, hasta ahora, asumían los gastos de costura, las horas contrarreloj de sus artesanos y los costes de envío. “El vestido cuesta, al menos, cien mil euros y eso ya es un regalo. Si, además, tenemos que pagar porque lleven nuestras creaciones no nos compensa. Les damos los vestidos, pero no pagamos”, ha sentenciado Lagerfeld, tratando de desmontar el mito de las actrices en la alfombra roja.

¡Ay el dinero! A todos nos hace malos, pero mucho más a los famosos, que ya cobran por el simple hecho de ser famosos. Cobrar por llevar un traje en esa inane alfombra roja es un insulto a los que miramos las facturas de la luz y del gas, que cuidamos de no pasarnos en llamadas telefónica y que alargamos los trajes mucho más de una temporada.

Qué pena que una gran actriz como es Meryl Streep caiga en ese mercadillo del voy si me pagan, me muevo si cobro o hablo si apoquinan. Y es que la naturaleza humana, se mire como se mire, es mezquina en su esencia, y tanto da que seas millonario o pobre, pasando por pequeño burgués, para que el dinero -esa bestia sin alma- ponga de relieve nuestras más pobres características. En fin, en el maremágnum de unos Oscar que ya no son ni malos, aparece lo más bajo de la condición humana: el yo más que tú.

Coda: “El día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo”. Gabriel García Márquez (1927-2014) Escritor colombiano.

Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

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