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No se si los aficionados al cine, más cinéfilos o menos cinéfilos, se han dado cuenta del auge que el cine francés está teniendo en nuestras pantallas en los últimos meses, casi, casi, se podría decir que desde finales de 2011 hasta este ya casi terminado mes de mayo, el cine francés está reinando en las pantallas de los cines españoles en dura batalla con el cine que llega de Hollywood, cada vez más caduco e invisible. Si es cierto que el cine francés que nos llega no está en los primeros lugares del top ten, pero si que figura en el mismo top ten en lugares que hace años hubiera sido impensable, circunstancia que tiene que ver con la cantidad de copias (o pantallas, si se quiere) con las que se estrenan las películas estadounidenses y las películas francesas.
Estamos pues, ante un momento muy interesante y curioso que marca en buena medida, y me atrevo a decirlo/escribirlo aunque se me pueda tildar de excesivamente optimista o de iluso, un cierto cambio en los gustos y apetencias del espectador medio español, que parece, cada vez más, lanzado al cine francés. Sobre este tema se me permitirá otra opinión tan personal como, quizás, errada, no creo que las distribuidoras se dediquen a traer tanto cine francés a nuestro país si este no fuera mínimamente, y dijo mínimamente, rentable, con lo cual desde el punto de vista económico, es decir de taquilla, sí que parece que el actual cine francés que nos llega está funcionando.
Si damos una rápida mirada a lo que se ha proyectado en los últimos meses y se proyecta en los cines españoles, a la cartelera en definitiva, veremos que el cine francés está aportando películas que han conectado de forma espectacular con el espectador medio español. Títulos como “The Artist” (francesa pese a su título en inglés), “Intocable”, “Tres veces 20 años”, “Mi hijo y yo”, “Profesor Lazhar” (canadiense pero francófona), “The Nicolas a Sarkozi”, “Les Lyonnais”, “Adiós a la reina”, “Las nieves del Kilamanjaro”, “El arte de amar”, “Un amour de jeunesse”, “Un feliz acontecimiento” (y alguno más que me dejo), sin olvidar éxitos de los años 2009 y 2010 como “Pequeñas mentiras sin importancia”, “Hace mucho que te quiero” o “Mademosille Chambon”, entre otros muchos que no cito, o que han aparecido directamente en formato DVD y Blu-ray, cada uno de características diferentes y calidades diferentes, y los títulos que están por llegar como “¿Y si vivimos todos juntos?” o “La delicadeza”, ponen de relieve esa especie de complicidad que se ha creado entre el espectador español y el más reciente cine francés, que ahora no necesita de movimientos o escuelas como la nouvelle vague para estar presente internacionalmente en cines comerciales y festivales de todo tipo.
Cierto es, que hay también títulos no tan sólo menores si no olvidables como “Los infieles”, absolutamente infumable, y que no llega a los cines españoles toda la producción francesa que se hace anualmente, pero ello no quita para afirmar (con todo el margen de error que tiene siempre una afirmación, por aquello de la relatividad de todo en la vida) que el encanto, la sensibilidad y la dimensión de sus historias, de sus directores y de sus intérpretes ha convertido al cine francés en un cine que ha enamorado al espectador medio español. Todo un ejemplo para el depauperado cine español, que sigue bien alejado de las apetencias del espectador medio español, quizás porque le falta la charme del cine francés.
Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos
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