|
|
La semana ha estado cargada de buenas y malas noticias en el terreno exclusivamente cinematográfico, porque es bien sabido que en otros campos de la vida social abundan más las segundas que las primeras. Las buenas noticias cinematográficas han sido muchas y variadas, desde la no designación por el comité de selección de los premios Oscar a “Pa negre”, esa peliculita sobrevalorada desde la Academia del Cine Español, a la candidatura de esa obra maestra (desdeñada por el público español) que es “Chico y Rita” como Mejor película de animación, elección que como se sabe hace la propia Academia, pasando por la tercera nominación para Alberto Iglesias por la magnífica banda sonora de “El topo”, o la masiva respuesta que ha tenido en la taquilla española “Los descendientes”, bastante olvidada en los Oscar, pero lo cual la hace todavía más grande.
Las malas noticias, junto a la ya antigua de ese desprecio popular por “Chico y Rita” (¿o será que el público español no da para más?), las protagonizan esa cosa infecta que ha dirigido el mitificado Woody Allen (un caso parecido al de Clint Eastwood, cuya última película “J. Edgar” muestra su imparable decadencia), titulada “Midnight in Paris”, que ha sido nominada como mejor película, Allen como mejor director y el guión en el apartado de mejor guión original, es decir toda una burla a la inteligencia, pero que desde Catalunya (¡es para partirse!) se muestra como un triunfo del cine catalán, cuando allí lo único que hay es dinero de Mediapro (léase Jaume Roures, ahora lleno de deudas), así como el estado de gravedad en el que se encuentra el actor Carlos Larrañaga, sin olvidar que otra cosita insoportable como “El árbol la vida” también está entre las diez películas nominadas, mientras una película del calado de “Drive” ni aparece, y otra gran película como “Los idus de marzo” (un sensacional muestra de lo que vale George Clooney como director) tan sólo está nominada como mejor guión adaptado.
Como siempre y para que nadie se lleve a engaño, nominaciones, premios y otras martingalas de la industria del cine estadounidense están mediatizadas por los intereses económicos y políticos. Un cáncer que se ha extendido a todo el mundo, porque ya veremos como se reparten los premios Goya, que serán otras de esas malas noticias para la buena salud del cine patrio. Y es que a lo largo de una semana o quince días, las buenas y las malas noticias, en cualquier ámbito de nuestra vida se mezclan y entrecruzan, aparecen y desaparecen, para demostrarnos la fragilidad de nuestras esperanzas, de nuestras ilusiones y de nuestras certezas. Lo relativo alcanza cotas inalcanzables en esa confabulación que conforman las buenas y malas noticias que nos rodean día a día y que cuando se refieren al cine quedan absolutamente ridículas si se tiene en cuenta que el cine no es más que eso, cine, y que la vida de todos los seres humanos es mucho más importante y significativa que cualquier película sea o no sea una obra maestra.
Por Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos
Puedes comentar a través de tu perfil de facebook
|