Los mandamases del SGAE (ya saben Sociedad General de Autores y Editores, antes Sociedad General de Autores de España, que se cambió a Editores para no molestar a separatistas del tres al cuatro, sin darse cuenta de que los Editores no tienen nada de autores y por lo tanto no deberían formar parte de la SGA) no tan solo practican la piratería, el filibusterismo y demás formas de asalto a mano armada, si no que muestran su profunda e inmensa racanería cuando, incluso un socio de la entidad fallece, como ha sido el caso del director José María Nunes, siempre presente y siempre vivo para quienes le conocimos, y le dedican la esquela que se puede ver en el documento adjunto. Una esquela en catalán que traducida al castellano viene a decir. “Nuestro más sentido pésame por la muerte de nuestro socio/
José María Nunes/Los miembros de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) expresan su luto.

Ahí es nada. Economía de medios. Una esquela más que pequeñita, como la que ponen para los seres anónimos como yo o como muchos de los que me leen. Para nada señalar que José María Nunes era (y es) director de cine y no un director cualquiera. Una esquela escueta. Tan escueta que provoca vergüenza y rabia a partes iguales. Y la pregunta que salta a la palestra es ¿no tiene dinero la SGAE para poner un adecuada esquela recordatoria y de homenaje a José María Nunes? ¿En qué se gasta el dinero esa entidad recaudatoria que ahora amenaza la libertad de Internet?
No es posible mirar alrededor de nuestro mundo cultural sin sentir un gran asco, no es posible no indignarse cada vez que en los cine aparece el famoso cartelito de que delatemos a quienes filmen, graben o copien, bla, bla, el producto cinematográfico en cuestión, no es posible no aburrirse de tener que aguantar cada vez que pones un DVD (legal, eh!) en tu reproductor doméstico y te salen las malditas imágenes de la SGAE recordando el pirateo, la copia ilegal, la compra furtiva y ese largo etcétera de actividades ¿delictivas? que consideran que son pecado. No es posible no irritarse (por no poner una palabra que empieza por c) cuando lees que un grupito amateur de teatro, o una coral de amigos, tienen que pagar cientos de euros porque han cantado una canción sin el permiso reglamentario o han puesto en escena una obra con derechos de autor. Cuando la cultura es la base de la libertad, de la verdadera democracia, siempre hay sistemas represivos, que bajo la apariencia de la defensa de los derechos de alguien, vulneran los derechos de otros. Porque el derecho a la cultura, al conocimiento, como el derecho al trabajo, a la vivienda, a la educación y la sanidad, es imprescindible en un sistema democrático que quiera ciudadanos y no súbditos. La libertad no es el botellón, ni el nudismo en la calle, ni los derechos de autor, la libertad en la responsabilidad de cada uno de nosotros con nosotros mismos y con nuestros semejantes (animales y Naturaleza incluidos) y mientras no se alcance este grado de madurez humana, la injusticia, del color que sea, en el ámbito que sea, en el sistema político que sea, seguirá teniendo su patente de corso.
Por: Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos
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