Una vez más los premios Goya han hecho enrojecer al país. Si el reparto de galardones (tan efímeros como inútiles) ha sido lógico y racional, que ya es mucho siendo lo que es la Academia del Cine Español, aunque hay que decir que los triunfos de “Celda 211” y “Ágora” estaban más que cantados y no hacia falta ser un lince para, más o menos, acertarlos al cien por cien, la ceremonia de entrega volvió a demostrar los problemas estructurales e ideológicos que tienen los profesionales del cine español. En primer lugar, a que viene en los tiempos de crisis que vive el país, con esos cuatro millones y pico de parados, los faustos y el boato de unos profesionales que deberían ser ejemplo para el resto de ciudadanos de contención, ahorro y sobriedad. En segundo lugar, ¿qué hacia Andreu Buenafuente en la ceremonia? De verdad hacia de presentador y, por cierto, ¿cuánto ha cobrado el infatigable mediático? ¿No creen espectadores de pro que sería muy esclarecedor una auditoria sobre lo que se ha gastado la Academia en esta ridícula fiesta?. En tercer lugar, ¿dónde estaba la ministra de Cultura? Pues sí, se la vio escondidita en una butaca, pero sin salir al proscenio a dar la cara de sus desmanes. En tercer lugar, el divertido discurso de Álex de la Iglesia (cada vez más parodia de uno de sus personajes de “Acción mutante”) hablando de mirarse al ombligo, cuando estábamos ante una colectiva complacencia narcisista de ¡que guapos somos!, ¡que listos somos!. En cuarto lugar, ¿que hacia el ministro de Industria, Miguel Sebastián, en la ceremonia?, si el cine español no es ni industria ni nada.
En quinto lugar, la fácil patochada de Pedro Almodóvar presentándose de ¿sorpresa? para dar el premio a la mejor película. Es que no nos acordamos que Álex de la Iglesia y Pedro Almodóvar son buenos amiguetes desde que el segundo (El Deseo) le produjo al primero “Acción mutante”. Carnaza para esas revistas que como los componentes de la Academia y muchos profesionales del cine español (algunos afortunadamente se salvan) viven de la sopa boba de los millones de españoles (parados y activos) que siguen creyendo que los Reyes Magos vienen de Oriente y Papa Noel de Norte de Europa. En sexo lugar, y ya para cerrar con broche de vergüenza propia y ajena, la foto, la maldita foto ideológico-política-oportunista-deleznable, del Presidente del Gobierno posando con algunos de los premiados y sosteniendo un Goya. Y después, palabras que parecen más sacadas de un discurso de la época franquista que de la democracia que deberíamos vivir, exaltando lo que no se puede exaltar y vendiendo lo que no se puede vender. Y a todo esto, ni una palabra sobre la crisis económica, sobre la crisis de valores, sobre el paro y la desesperación de tantas y tantas familias. Es el silencio de los corderos, ese silencio de quienes, cuando toca, gritan contra la guerra (la que sea), pero no gritan contra el hambre y el paro. Que se unen serviles con quien les da prebendas para seguir viviendo del momio. Y eso, sinceramente, no es el cine español que los ciudadanos de este país se merecen.
Por: Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos |