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#532 - EL ÚLTIMO LICÁNTROPO

La muerte se ha llevado a Jacinto Molina, pero Paul Naschy será siempre el único licántropo que ha dado el cine español, a la altura de los más grandes intérpretes. Fallecido en Madrid el pasado día 30 de noviembre, a la edad de 75 años, víctima de un cáncer, Jacinto/Paul seguirá siendo un profesional de culto en un cine que como el español nunca lo ha tratado como se merecía. Desde sus apariciones como extra en “El príncipe encadenado” (1960), de Luis Lucia y en dos películas de la marca Bronston como”Rey de Reyes” (1961) y “55 días en Pekín” (1963) hasta su último e inacabado rodaje de “Empusa”, la que tenía que ser su decimoquinta película como director, la carrera de Paul Naschy ha recorrido mil y un caminos, donde el hombre lobo ha sido su más fiel compañero. “Me fascina hacer de hombre lobo. Es un monstruo humano y fatalista”, había declarado el actor, director y guionista. Un monstruo humano y fatalista al que Paul Naschy le dio vida en 1968 con “Las noches del hombre lobo”, un film menor dirigido por René Govar, donde ya aparecía su “alter ego” el mítico Waldemar Daninsky. Director, actor, guionista y productor, Paul Naschy ha sido una rara avis en el panorama de un cine español, primero maniatado por el franquismo y ahora por el socialismo, donde los independientes, los francotiradores están estigmatizados eternamente. Por ello no es de extrañar que en la fantástica galería de “monstruos” que tiene el cine, Jacinto Molina/Puakl Naschy encontrara la vía de escape de un cine encorsetado y diabólicamente sumiso a los acontecimientos históricos como es el cine español. Porque Naschy no sólo es el último gran licántropo del cine universal, sino que ha sido, también, como los más grandes del género de terror (Lon Chaney, Christopher Lee o Peter Cushing), otros personajes míticos como Drácula, la Momia, el Jorobado o Alaric de Marnac. Hombre imaginativo y vitalista, la obra de Paul Naschy/Jacinto Molina, relegada a las publicaciones de incondicionales, tiene ahora la dimensión que las perdidas reales siempre producen. Su cine, como director, guionista y director, queda como testimonio de una personalidad que no estuvo atada a ninguna tendencia, a ninguna directriz. Su verdad fueron sus películas, fantásticas y terroríficas, y en esa verdad está la fuerza de un profesional del cine español que vivió al margen de las presiones de todo tipo y que sólo fue fiel a la idea que tenía sobre el cine.

(Coda. Menuda la que ha armado nuestra Ministra de Cultura, la inefable
Ángeles González-Sinde, con sus declaraciones sobre la intervención en Internet sin orden judicial. La verdad es que uno ya no sabe que pensar de los máximos responsables de nuestro cine, de nuestra cultura.)

 

Por: Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

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