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#524 - ESPERANZAS

Como dice un dicho popular “la esperanza es lo último que se pierde” y como se sabe y recoge el diccionario de la RAE en su primera acepción esperanza es un “estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos”. Y no cabe duda que todos, yo el primero, deseamos que el cine español mejore, se haga más sólido, más cercano a la realidad, al espectador. Y esperanza es de lo que se puede hablar después del estreno de dos producciones españolas que parecen abrir ventanas a nuevos y necesarios aires para sacar al cine español de su acartonamiento y anquilosamiento. Dos películas como “Agallas”, de dos veteranos del medio audiovisual como son Samuel Martín Mateos y Andrés Luque Pérez, máximos responsables, junto a dos excelente guionistas como Javier Félix Echaniz y Juan Antonio Gil Bengoa, y “Gordos”, segundo largometraje de Daniel Sánchez Arévalo, quien tras “AzulOscuroCasiNegro”, demuestra ya su mayoría de edad con una película que va muchos más allá de su título, han llegado para poder hablar (y escribir) de esperanza en el cine español. Después de pedanterías insufribles como “Los abrazos rotos” y “Mapa de los sonidos de Tokio”, de vergonzantes productos como “Mentiras y gordas”, por mencionar solo tres auténticos representantes del mal cine español, la llegada de dos películas como “Agallas” y “Gordos” permite abrir un resquicio a la esperanza de que en el cine español no está perdido todo y todavía hay profesionales con las ideas claras, tanto en lo que hace referencia a la dirección y al guión como a la interpretación, porque otro aspecto esperanzador de “Agallas” y “Gordos” es la magnífica interpretación que hacen todos y cada uno de los protagonistas de ambas películas. Desde veteranos profesionales como Carmelo Gómez y Celso Bugallo a jóvenes ya asentados en lo del arte interpretativo como Hugo Silva, Antonio de la Torre, Roberto Enríquez, Verónica Sánchez o Raúl Arévalo, por mencionar tan sólo a algunos de los que componen los dos repartos y que hacen bueno aquello de que cuando hay un buen director hay buenas interpretaciones. Por todo lo dicho, se puede aseverar, con todo el margen de error que tiene la esperanza, que 2009 puede ser un año de inflexión en el cine español, de cara a un futuro mejor, siempre y cuando los intocables de nuestra cinematografía (que no hace falta decir quienes son) se den cuenta de sus deficiencias y dejen que se oigan otras voces y otros acentos en el panorama de nuestra cinematografía. Algo complicado porque, como muy bien se sabe, hay demasiada política en el cine español como para pensar que el relevo generacional y creativo se pueda hacer de la noche a la mañana. Pero como ya he comentado al principio de este “Fundido en negro” la esperanza es lo último que se pierde y esto es lo que, mejor o peor, me mantiene (nos mantiene) atento y diligente ante el cine español de ahora, de ayer y, cómo no, de mañana.

Por: Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

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