Todo parece indicar que el cine español -como la economía española, con sus casi cinco millones de parados- ha tocado fondo. El problema es que cuando se toca fondo (eufemismo para decir que ya no se puede caer, bajar o descender más, por ejemplo en una piscina) no hay la certeza de que puedas volver a remontar y sí el peligro de que te quedes en el fondo para siempre. Si faltaba alguna prueba objetiva para oficializar la defunción del cine español de este primer decenio del siglo XXI, el Festival de Cannes, pese a ser un mercado del film donde privan los intereses económicos por encima de los artísticos y creativos, ha puesto la guinda al pastel de los despropósitos con el pobre, triste y lamentable papel que han hecho las tres producciones españolas presentadas en el certamen. El fracaso de “Los abrazos rotos”, por otra parte previsible después de la tibia aceptación que ha tenido por parte del público español, y de “Mapa de los sonidos de Tokio” (¡menudo título!), aún por estrenar en nuestro país, ambas presentadas a concurso, es decir luchando por la Palma de Oro, lo cual es, en buena medida, una especie de tontería supina, ya que no es necesario que dos producciones de directores españoles estén dándose raquetazos en un mismo festival, porque no se trata de una final de Grand Slam entre Nadal y Verdasco, demuestra definitivamente que el actual cine español no interesa en Europa. Si a estos dos títulos, recibidos, no hay que olvidarlo, con tanta tibieza que daba escalofríos, se le añade la gélida presentación fuera de concurso de “Ágora”, la última y carísima película de Alejandro Amenábar, que no parece haber despegado con demasiado buen pie, las perspectivas de futuro para las dos últimas producciones no parecen que sean esperanzadoras y que seguirán el camino realizado por la película de Pedro Almodóvar. Si se tiene en cuenta que en plena crisis de asistencia de espectadores al cine español, de la espectacular caída de la recaudación de las películas españolas, se hablaba de las tres citadas películas como agua de mayo para el cine patrio, se puede llegar a la conclusión, aún a riesgo de meter la pata (deporte que puedo practicar con la misma facilidad que los pensantes del cine español) que, como ya ha hecho “Los abrazos rotos”, ni “Mapa de los sonidos de Tokio”, ni “Ágora” van a salvar al cine español de ese fondo en el que está metido. Un fondo que lo mismo es como un pozo sin ídem, que con el fondo turbio o contaminado. La verdad es que cuando se habla de fondos es muy difícil saber las condiciones de los mismos, porque como ya se sabe son muchos los que caen al mismo y muy pocos los que logran remontar y volver a la superficie. Hay que dar tiempo al tiempo para ver si el paciente resucita, pero Cannes, para bien o para mal, ha vuelto a ser testimonio de una situación tan trágica como cómico, tan esperpéntica como dramática y de la que solamente los buenos profesionales del cine, a los que no les preocupan las ruedas de prensa y las fotos, ni las alfombras ni el glamour, podrán sacar de ese fondo que, hoy por hoy, no se puede medir.
(Coda: Y otra “perla” de nuestra flamante ministra de Cultura Ángeles González-Sinde. Durante su participación en el I Congreso de Economía y Cultura (celebrado en Barcelona), la señora ministra dijo que la perspectiva de que los piratas lleguen al mercado del libro es “asustante”. Ver para creer)
Por: Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos
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