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#510 - ¡AY, CARMELO!

En este cine español de nuestros horrores hay cosas que no se pueden explicar y mucho menos razonar. El último estreno de una producción española ha sido el de “La casa de mi padre”, un prometedor debut de Gorka Merchán sobre un tema tan delicado y, desgraciadamente, actual en la historia de España como es la situación de violencia, psíquica y física, que se vive en Euskadi, y donde se vuelven a plantear nuevas preguntas sobre como funciona la mal llamada industria del cine en nuestro país. Una película, como es fácil comprender mucho más interesante que “Los abrazos rotos” (otra elucubración de Pedro Almodóvar) y mucho más testimonial que “Mentiras y gordas”, porque su tratamiento está hecho desde la seriedad y el compromiso, todo lo contrario de la película de Albacete y Menkes, que han apostado por lo fácil, como se puede comprobar por las recaudaciones que ha hecho en sus primeros días de exhibición (algo que también da para pensar sobre los gustos y actitudes de los espectadores españoles). Pero no se trata aquí de hablar de estas películas si no de la presencia de un actor de la talla de Carmelo Gómez (Sahagún, 1962), uno de los intérpretes más interesantes que tiene el cine español desde su debut en 1986 haciendo un pequeño papel en aquella maravilla dirigida por Fernando Fernán Gómez titulada “Viaje a ninguna parte”, y que en casi una cincuentena de películas ha dejado su impronta interpretativa en producciones tan importantes en el panorama del cine español como “Vacas”, “Canción de cuna”, “El detective y la muerte”, “Días contados”, “Tierra”, “El perro del hortelano”, “El portero”, “La noche de los girasoles” y “Oviedo Express”. En una industria cinematográfica normal, Carmelo Gómez no tan solo empalmaría película tras película si no que trabajaría como mínimo en más de tres o cuatro producciones cada año, en esto que se llama cine español, mientras que en la realidad, Carmelo Gómez aparece y desaparece como el Guadiana y como otros muchos intérpretes (el mismo caso de una Emma Suárez (Madrid, 1964) magnífica también en “La casa de mi padre” en el personaje de Blanca, a quien la madurez la hace una actriz de espléndido dramatismo), en una demostración de que si antaño el cine español era fiel a los intérpretes de calidad contrastada, de largo recorrido y de dimensión actoral incuestionable, ahora apuesta por las caritas jóvenes de las series televisivas, en una demostración de que ya no se da valor a la categoría interpretativa sino a la popularidad mediática. En un panorama como el actual, alguien puede imaginar que se puedan hacer películas como “El verdugo”, con aquel inolvidable Pepe Isbert y la espléndida Emma Penella, o “Muerte de un ciclista”, con la pareja de lujo que formaron Lucía Bosé y Alberto Closas, sin mencionar al centenar largo de grandes secundarios que han escrito con letras de oro la historia del cine español. Carmelo Gómez, como otros muchos profesionales del cine español, desde directores a intérpretes, pasando por compositores, técnicos y guionistas, es, en buena medida, una de las víctimas del desastre mediático en el que vive el cine español, más preocupado del populismo que de la calidad, y que lleva, inexorablemente, a la más absoluta mediocridad, aunque, de vez en cuando, aparezcan resquicios de luz como “La casa de mi padre” y sus excelentes intérpretes.

Por: Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

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