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#504 - REALIDAD Y CINE

El reciente visionado de “The visitor”, la película de Tom McCarthy por la que su protagonista Richard Jenkins ha estado nominado al Oscar como mejor actor, me ha provocado, como me ocurre siempre en el cine, una reflexión sobre cómo refleja el cine la realidad. Y me ha dado cuenta (nunca es tarde cuando se aprende) que dentro de que me cuesta poner en duda que el cine es un rabioso testimonio de la realidad, si es cierto que existe como un acuerdo tácito en todas las cinematografías, desde el Hollywood más alienado al cine español más provinciano, pasando por el sofisticado cine francés, el exquisito cine oriental o el testimonial cine de los países del Tercer Mundo, que en el cine de ficción, es decir el basado en un guión original (incluso en los basados en la literatura), nunca, pero nunca, se habla mal de los gobernantes, no ya con nombres y apellidos (que eso correspondería al documental puro y duro) si no, ni siquiera insinuando que tal gobierno, tal alcalde o tal representante político es .....(y aquí va un exabrupto). Se me dirá, y con razón, que hay películas, de todo tipo y de todas las nacionalidades, que hablan de corrupción política, policial, administrativa, económica, etcétera, etcétera, pero siempre de una forma general. En ese cine testimonio de la realidad me falta el insulto, la palabra soez dirigida al presidente tal, al alcalde cual o al gobernador X, que no necesariamente deben ser reales. Concretamente, en “The visitor”, hay un momento en que los personajes interpretados por Richard Jenkins y Hiam Abbas, ante el hecho de la expulsión del país del hijo de esta última por ser un emigrante ilegal, no se refieren a nada ni a nadie en particular, y parece como si la situación sean un imperativo divino sin cara, nombre o señas de identidad. Y, evidentemente, en la realidad, cuando algo en nuestra vida cotidiana sufre la agresión de un representante de la administración, de más bajo o alto rango, nuestros insultos, con nombres y apellidos, son tan reales como la vida misma. ¿Por qué en las películas no se insulta, maldice y se lanzan improperios contra esos representantes de la administración pública, desde el más alto al más bajo? Es uno de los muchos misterios que tiene el cine. ¿Acaso será un acuerdo tácito de no alterar el orden establecido por los que tienen el poder político y económico, y no dar malos ejemplos a través del cine?. Se puede promover la violencia, el sexo, el robo y otras variadas formas de in civismo e inmoralidad, incluido tacos, palabrotas y demás líndeces, especialmente en las películas de pretendido progresismo, pero no hay exabruptos a la hora de referirse a los mal llamados padres de la patria. Es curioso este hecho, porque lo más natural, lo más humano, es soltar algún improperio contra el gobernante de turno, el poderoso del momento o, simplemente, el representante de ese, digamos, orden en el que se mueve esta sociedad que llamamos civilizada. Será que soy más tonto de lo que creo y que, en definitiva, el cine no es tan testimonio de la realidad como siempre me ha parecido. Sea como sea, esta reflexión a partir de una película, en este caso “The visitor”, siempre es buena, porque nos recuerda que hay opciones para nuevas miradas y nuevas interpretaciones

Por: Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos

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