Desde que se inventó, descubrió, encontró o dígase como se quiera, el cine, la polémica, la cuestión o el debate sobre sí el cine es un arte o una industria ha gastado más papel del que se pueda imaginar. Parece ser que ya es hora de definir esta dicotomía, más artificial que real, y decir que el cine es totalmente un arte. La industria viene después, pero el cine, como creador de películas, es decir la obra fílmica, es un arte. Igual que la pintura es arte y un cuadro es una obra de arte y después esa obra de arte se industrializa, es decir se exhibe, se vende o se subasta. Entra en lo que se podría considerar una industria del arte: salas de exposiciones, subastas, museos, cotizaciones, etcétera. Lo mismo pasa con la obra escrita, en si es un arte creativo, pero para su difusión y su venta se industrializa y se comercializa. Y ya no vale decir que hacer cine es muy caro, que hay que hacer grandes inversiones de dinero para poder rodar una película. El dinero en el cine nunca ha tenido el significado que la propia industria del cine le ha querido dar. La película, es decir la obra fílmica, está más allá de los antiguos estudios y de las modernas majors, más allá de distribuidores y más allá de exhibidores, que serían la parte industrial de una película. Para realizar una película no se necesita dinero (o para ser justos, proporcionalmente tanto como el que se necesita para pintar un cuadro, hacer una escultura, escribir un libro o montar una obra de teatro). Hay datos que corroboran este hecho. Un ejemplo del cine español de hace años: “La caza”, una película de Carlos Saura realizada en 1965, costó dos millones de pesetas (de la época, cierto) y se rodó en cuatro semanas. Se exhibió como una producción que hubiera costado cien veces más, es decir en cines comerciales, con publicidad, acudió a festivales y es una obra maestra. Esto, por hablar de películas que podríamos denominar comerciales, es decir van a ser visionadas por el gran público. Otro ejemplo del cine español de ahora: “Vicky Cristina Barcelona”, no se cuanto costó, pero se sabe que el Ayuntamiento de Barcelona adelantó 600.000 euros para su rodaje con la condición de que el nombre de la Ciudad Condal estuviera en el título. La película ha ganado premios pero es un desastre. El haber tenido más dinero le ha servido a la película de Woody Allen para ser mejor que la película de Carlos Saura. Todo parece indicar que no. La obra de arte, en este caso la obra cinematográfica, no es mejor por que disponga de más dinero. El dinero no da talento, ni imaginación, ni calidad. Podrá dar difusión, publicidad, premios y festivales, pero nunca dará arte. El cine es arte. La industria es otra cosa. El cine es un arte que utiliza la tecnología, cierto, también lo hace el teatro, y la ópera, y el ballet, pero es un elemento más, como las pinturas del pintor, que se han industrializado. El arte está por encima de la tecnología y el dinero. En estos tiempos mediáticos mirar hacia delante sin ira, sabiendo que la verdadera inteligencia ni se compra ni se vende, que la capacidad creativa no admite amos y que la libertad del artista es la libertad de la sociedad a la que pertenece, es lo imprescindible para entender, ya para siempre, que el cine es un arte más.
Por: Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos |