La sociedad tiene una muy especial tendencia a la necrofagia (acción de comer cadáveres o carroña), pese a que la muerte provoca un pavor social generalizado y excepto en raras ocasiones (el negocio funerario en Estados Unidos, el culto a la muerte en México y otras curiosas explotaciones que confirman la regla) se intenta soslayar a la largo de la vida, tanto en las religiones más opuestas, como en las políticas más contradictorias y en las culturas más abiertas y progresistas. Esta tendencia a la necrofagia vuelve a vivir un capítulo sobresaliente en el mundo del cine con la nominación del actor Heath Ledger (ya se sabe el Joker de “El caballero oscuro”), fallecido poco después de terminar la película, dentro de la categoría de mejor actor secundario, y al que todas las quinielas (esa tendencia lúdica del ser humano a apostar por apostar o si se quiere a predecir por predecir) dan como seguro ganador en esa categoría de los Oscar. Como el ser humano también gusta de consultar los anales de la Historia (de la que sea) las referencias a Peter Finch, el único actor fallecido ganador de un Oscar en 1976 como mejor actor, también se han aireado en esa predisposición a la necrofagia, a la vez que se ha recordado como el culto a los creadores de otras disciplinas de muerte prematura es una actividad habitual en nuestra sociedad de cultura. Pero, es que además, la necrofagia se ha expandido como una epidemia en los medios de comunicación y es ya habitual celebrar los diez, veinte, treinta, cincuenta o cien años de la muerte de tal escritor, tal músico o tal cineasta. Claro está que detrás hay descaradas operaciones comerciales (recuérdese el centenario de la muerte de Mozart que sirvió para aumentar las ventas de cedés) o ese esfuerzo diario de llenar páginas y páginas de publicaciones de todo tipo, como si la realidad cotidiana, los problemas sociales o las aberraciones políticas (que en el cien son muchas) no fueran suficientes para recordarnos a todo que la vida no es nada fácil y la muerte es menos grave de lo que creemos. “Reinar después de morir” es una frase tan vieja como la misma condición del ser humano y los entierros una práctica en la que se pone de relieve que al morir todos somos mejores (excepto las excepciones históricas que todo el mundo sabe), aunque, en algunos casos, el olvido sea el verdadero entierro de todos aquellos que no puedan ser motivo de explotación comercial. Lo cierto es que la sociedad mediática y la sociedad consumista son muy carroñeras, por ello no hay que extrañarse que el cine (siempre más negocio que arte, aunque sea el arte el que perdure en el tiempo) explote esa necrofagia que tanto ayuda a potenciar el negocio. Porque cuando se le conceda el Oscar a Heath Ledgar como mejor actor secundario la cotización de Hollywoo subirá en el mercado de esos valores tan transitorios y mezquinos que caracterizan a la sociedad actual.
Por: Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos |