No se si la palabra estigmatizado es correcta y pido disculpas a la Real Academia y a su imprescindible Diccionario de la Lengua Española por su uso inadecuado, pero si voy, a partir de la sexta acepción que hace de la palabra estigma (Del lat. stigma, y este del gr. στίγμα, picadura) y que dice concretamente: “Med. Lesión orgánica o trastorno funcional que indica enfermedad constitucional y hereditaria”, para referirme al cine español como cine estigmatizado. Dos ejemplos recientes justifican mi visión de que el cine español tiene “una lesión orgánica o un trastorno funcional que indica una enfermedad constitucional y hereditaria”, como es el NO de la Academia de Hollywood a “Los girasoles ciegos” (por una vez la Academia estadounidense ha acertado en su decisión) y el próximo estreno (concretamente el día 23 de enero) de otro bodrio de esos que hacen historia como es “El juego del ahorcado”, de Manuel Gómez Pereira, que no se sabe por qué demonios ha cambiado la buena e inteligente comedia que sabía hacer por este seudo melodrama juvenil. Pero para aceptar el concepto de cine estigmatizado hay que remontarse a la historia del cine español y aterrizar en la Salamanca de mayo de 1955 (nada más y nada menos que 13 años antes que el desorbitado históricamente Mayo del 68 francés), como en un largo y explicativo flashback, para recordar que ya entonces se juzgó al cine español (de aquella época del franquismo, pero que parecía como una premonición del actual cine español) como: “Políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico”. Cinco aspectos que siguen firmes, sólidos, irreductibles en el actual panorama de estos primeros ocho años del siglo XXI. El NO de la Academia de Hollywood es la respuesta lógica a una película que nunca debería haber estado propuesta para el Oscar y que justifica el hecho que desde 2005 el cine español ha sido rechazado sistemáticamente por Hollywood, cuando “Mar adentro ”, logró la estatuilla. Desde entonces, ni “Obaba”, de Montxo Armendáriz, ni “Volver”, de Pedro Almodóvar, ni “El orfanato”, de J.A. Bayona, y ahora la película de José Luis Cuerda, han podido acceder a ser nominadas para el apartado de mejor película de habla no inglesa. La clave está en la baja calidad del cine español, en la poca imaginación de nuestros guionistas, en la presencia de las televisiones en las producciones cinematográficas, en las subvenciones, en la falta de un relevo generacional de intérpretes con cara y ojos y, en definitiva, en una política administrativa que ayuda a los acólitos y no a los disidentes. “Políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico”, son cinco definiciones que deberían figurar al inicio de toda película española (de ahora en adelante) para que profesionales y espectadores fueran conscientes de cuales son los males de nuestra cinematografía. Y el segundo ejemplo, “El juego del ahorcado” viene al pelo para comprobar que es, efectivamente, un producto cinematográfico “políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico”. Y eso es lo que me permite la utilización del término cine estigmatizado, cine lesionado y trastornado funcionalmente, cine con enfermedad constitucional y hereditaria, para referirme al cine español, más de ahora que de antes.
(Coda: Como es lógico y coherente no voy a hacer referencia al Globo de Oro para “Vicky Cristina Barcelona”. Ya hice mi declaración de principios en mi anterior “Fundido en negro”, por lo que sobran nuevos comentarios. Allá cada uno con su conciencia.)
Por: Miguel-Fernando Ruiz de Villalobos |