En la última semana hemos tenido la lectura de los nominados de los Premiso Goya y de los Premiso Guadí. A la mayoría de vosotros estos segundos os importarán muy poco, realmente incluso a mí me parece que son unos premios que todavía tienen que situase y consolidarse con fuerza en su territorio que es Catalunya y no tener tanto interés de peso político o idiomático como cultural, artístico e industrial.
En cualquier caso, y tras varios intentos de la sociedad cinematográfica catalana de crear sus propios premios y que había derivado entre los Premios del Colegio de Directores, pasados a llamar Premios Barcelona, se finalizó por crear una Academia y de ella surgir estos nuevos premios, Gaudí, que se entregarán el 1 de Febrero de 2010 por segunda vez en su historia.
Aprender de los demás y de los errores propios es muy sano y útil. No problemático es cerrarse en uno mismo sin mirar más allá de nuestras narices ni escuchar las opiniones de quienes nos miran sin implicación internet y darnos cuenta de todo aquello que hemos estado evitando o escondiendo. También hay que reconocer aquellas ideas que desde fuera nos dan una idea en la que no habíamos pensado hasta ese momento y la vemos positiva.
El sábado 9 de Enero de 2010 se leyeron los nominados de los Goya de una manera triste, simple y como cada año errónea. La estupidez de decir que hay un notario que controla ese proceso y año tras año lo hace mal se ha vuelto a ver. Para comenzar la presentación del actual presidente Álex de la Iglesia, que no hay que negar tiene un gran don de gentes, fue un peloteo hacia los patrocinadores de la entrega de premios, pero sin recordar si se verían en directo o no para los no asistentes al Palacio.
Errores, como siempre en una categoría se leyó en dos ocasiones el mismo nombre, algo que los estatutos de la Academia no permiten, que un mismo nombre esté duplicado en la misma categoría, y para colmo finalizada la lectura dio número erróneo de nominaciones totales de las películas. Así que sigo pensando que la utilidad del notario en los Goya es más bien inútil.
La lectura de los Gaudí a diferencia de los Goya donde se iban abriendo sobres sin mucho miramiento, se realizó en un escenario, con una pantalla y con algo más de sentido del espectáculo, que por supuesto, puede quedar mejor o peor, pero la intención es ya muy clara, vender de la manera más atractiva posible un producto desde el inicio mismo de su puesta en escena y no esperar a los minutos finales.
Cuando los grandes aprendan, quizá los pequeños ya les hayan superado.
|