Esta semana han aparecido con notoriedad dos noticias vinculadas al mundo del cine. Sobre la ley del cine que está promoviendo la Generalitat no voy a decir nada, creo que me lo guardo para la próxima semana, porque cada día una animalada más grande.
El otro tema que cuanto menos me ha sorprendido, es que a la película Saw IV le hayan otorgado una calificación X. Esto significa que no puede exhibirse en salas comerciales de cine ‘normal’. Por supuesto, como en las cinco ediciones anteriores y las cuatro posteriores, que tienen pensado realizar, el problema no es el sexo explícito, sinó la violencia explícita, o como dice el Ministerio, por realizar apología de la violencia. Tiene narices que a estas alturas se decidan realizar comentarios de este estilo. Yo no he tenido la desgracia pero todo el mundo me dice que tras ver Mentiras y gordas te entran ganas y grandes de tomar todo el equipo, incluido la guionista barra ministra de cultura, y hacerles cosas malas. Dirán y muchos diréis que no es lo mismo. Pero el límite de la apología es tan complicado.
Podría serlo los silencios que se marca Raúl después de marcar un gol cuando el público, en unos momentos de máxima adrenalina del público más de uno habrá pensado en bajar al terreno y cuanto menos darle un capón. Cuantas cosas incitan ala violencia, un trabajo estúpido e inútil en el trabajo que debe terminarse ayer, o un empujón y sin ni siquiera un lo siento en el metro. Pero el cine, precisamente el cine, que desde su invención y que ha convertido en clásico El nacimiento de una nación y permitió el estreno de American History X no puede decir que es ahora una película incita a la violencia.
Creo que Fast and Furious incitó a correr en las autopistas y Superman vio saltar a varios niños por el balcón con una sábana atada al cuello. El problema no es el contenido, sinó el receptor del mismo, y no seré yo quien defienda que Saw (la saga) sea imprescindible para nuestra existencia cultural o de simple entretenimiento, pero como dijo alguien, lucharé con mi vida para que puedas dar tu opinión y que sea opuesta a la mía.
No he tenido ganas de tomar la cinematografía español reciente y buscar aquellas en las que ETA era protagonista y en los diálogos podía haber alguna frase pro etarra (expresión que gusta tanto en nuestros días) y que me parece igual o tan peligroso como el resto de violencias que hay en el mundo. Pero el cine es ficción, incluso los documentales están evitando la realidad al meter una cámara en cualquier situación en la que no debería haber una. El problema, y me repito, está en que no nos enseñan a ver películas, ni televisión, ni a pensar por nosotros mismos. El problema del mundo comienza por aquí, ya no sabemos filosofar, ya no sabemos amar el pensamiento, discutirlo, dialogarlo, pensarlo y sobretodo exponerlo, ser escuchados y luego saber recibir las opiniones opuestas para poder consolidar nuestra opinión y al contrario modificarla a medida que veamos nuevas visiones de este mundo en el que vivimos y que decimos no nos gusta estar.
A todo esto, se reestrena esta semana La naranja mecánica.
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