Si hubiera sido Garci, que fácil hubiera sido criticarlo, pero ha sido Trueba. Me refiero a El baile de la victoria, la película que han seleccionado los académicos de la Academia española, porque la han visto, porque se han realizado pases previos y privados para que éstos la vieran, porque su estreno, obligatorio para poder ser presentada en los Premios Oscar, ha sido reducido. Lo mismo que hacía Garci y todo el mundo protestaba, se escuchaban comentarios contrarios a esa elección por doquier. Ahora en cambio no he conseguido escuchar lo mismo por el mismo motivo.
Ni me parecía bien entonces ni me parece bien ahora. Tampoco puedo saber si es la mejor de las tres películas para llevar a Hollywood, aunque por supuesto mejor que Mapas de sonido de Tokio, por el simple temor de ser anulada, ya es mejor elección. Aunque hubiera sido una buena opción para luego no decepcionarnos de no ver que está entre las cinco películas finalistas. La idea de los académicos, por supuesto, es aprovechar el nombre de Fernando Trueba, ya ganador del Oscar por Belle Epoque, y esa es la mejor baza según la Academia, que considera que es un nombre mediático para conseguir la nominación, incluso en frente de Pedro Almodóvar, que un año más, va a luchar sus nominaciones junto con el resto de películas estrenadas este año en California con sus Abrazos rotos.
Desde hace ya muchos años el cine español tiene una elección complicada por la calidad de su cine. Este año ha tenido algún pequeño destello en su cine, breve, pero nos deja pensar que igual la calidad del cine español pueda mejorar en los meses venideros. En cualquier caso la elección académica ha sido muy conservadora. Buscar un nombre conocido y esperar que él realice todo el trabajo. Sin importar la calidad de la cinta.
Otro de los temas que podría haber tratado esta semana, y que seguramente ya no trataré es el de la detención de Roman Polanski. Sólo un dato que no me interesa dejar pasar, el apoyo de Woody Allen al director francés. Alguien ha pensado que igual él también debería haber sido juzgado por tener relaciones sexuales con quien las ha tenido y por eso lo defiende. Como se diría que dice Schuster, está todo dicho.
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