Hace unas semanas, no muchas, ya escribí sobre la supuesta decisión de las distribuidoras de mantener los títulos originales de las películas, o en su defecto, realizar una traducción literal de los mismos. De momento no se está cumpliendo, como era de esperar, pero si hay casos en el que el conocimiento temprano de la película directamente con el título original casi obliga a mantener este título.
Con el premio de mejor película para Slumod Millionaire, la misma persona que me comentó que escribiera sobre el mantenimiento de títulos me ha dicho que debería escribir sobre estos títulos que los españoles somos incapaces de pronunciar correctamente como es esta última película de de Danny Boyle. No por incultura, simplemente porque los españoles no tenemos el sonido de esa ‘S’ inicia en palabra que la convertimos directamente en ‘ES’. Por lo que ponerse al lado de una taquilla y escuchar como cada espectador pronuncia el título puede ser muy divertido. Excepto que haya algún listillo que se haya dado cuenta que la cinta dispone de un subtítulo en castellano llamado ¿Quién quiere ser millonario?, el título del programa de televisión, así de original. Entonces estoy seguro que el taquillero primero dudaría mucho y a continuación respondería un sí afirmativo con mucho interés en que ese deseo sea real.
Yo soy de los partidarios de ir habituando a los espectadores a este tipo de trabajos culturales, aprender a pronunciar idiomas extranjeros, y escuchar las películas en su versión original, subtitulada por supuesto, pero que permitirá que nos habituemos a otros idiomas para en el futuro estudiarlo y hablarlo sea mucho más fácil. Pero por si acaso Iñarritu no ha tenido ningún problema en titular su nueva película, que actualmente está rodando en las cercanías de Barcelona, con un título en inglés pero no muy bien escrito.
Biutiful, si se mantiene, será el título con el que Javier Bardem peleará para conseguir una nueva nominación al Oscar a Mejor Actor Protagonista. Una cinta que está costando mucho más de lo esperado, en todos los sentidos y que por los tanto los augurios no son muy interesantes. En cualquier caso, el título ya es una muestra de lo que los americanos, de todo el continente, pueden pensar de los hispano hablantes respecto a su conocimiento de idiomas, que salvo en gratas excepciones, no pasamos más allá del inglés que se supone hablaban los indios de los westerns de Hollywood.
Eso nos sigue obligando a ver los Oscar con esa insufrible traducción simultánea que impide que escuchemos la ceremonia real y tampoco podamos seguir en castellano todos los comentarios. Cuantas veces las carcajadas y los aplausos del público ha pisado por su volumen las palabras del susurrante traductor en el momento que comenta la broma, que claro, por su tono tampoco haría mucha gracia. Este año no pude ver la ceremonia en directo y he tenido la suerte de poder descargarla a través de internet directamente en inglés sin comentarios ni traducciones en castellano, y me hago cruces de pensar como habrán intentado traducir al bueno de Hugh Jackman con sus canciones. A menos que supiera antes el texto no me quisiera encontrar en su lugar.
Y para terminar dos lineas de los Oscar, la ceremonia diferente, agradable, entretenida y cercana, con ese escenario que a todos sorprendido y que me hizo pensar en como eran los Oscar originales, una cena de amigos, todos cerca, donde pudieran tocarse y felicitarse todos mientras se entregaban los premios. En cuanto a los ganadores, una película optimista, divertida y fresca, con toda la simplicidad narrativa para el espectador que tiene, Slumdog Millionaire, era la mejor opción para intentar animar a los espectadores del mundo y pensar que un día saldremos de esta crisis, aunque no sea como millonarios
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