Editorial #1415 - Esconder el trabajo.

#1415 - Esconder el trabajo.

Siempre ha querido ser diferente. Complicado. Parece que el gusta ser incomprendido. Desde Memento a Tenet, Desde Dunkerque a Oppenheimer, Desde El truco final a El Caballero Oscuro, Desde Insomnio a La Odisea.

Christopher Nolan ha conseguido que La Odisea sea conseguir ver la película como él quiere que se vea. Dicen que sólo hay 41 salas en el mundo que permiten ver la película tal y como Nolan desea. Parece que en realidad quiera que se hable de su película y que diga que no se puede ver. Que la manera en la que otros cines la ofrecen, no debería ser vista, que no es como él l ha pensado y quiere que sea consumida. Durante años los cineastas han estado diciendo que para ver bien las películas había que ir al cine, que las habían concebido para ser vistas en la gran pantalla. Ahora, parece que lo que se quiere es que se hable de ellas, y si se prohibe que se vean, así si se conseguirá el efecto de ir a la contra, y el público decide ver la película fragmentada. Es habitual, nadie ve las películas completas, ni en el cine. Y es que ni se quiera muchas salas lo permite, encienden las luces cuando la película está acabando y no permite que el público pueda disfrutar hasta el final de toda la película.

Sería divertido que Nolan no hubiera permitido que la distribuidora ofreciera versiones alternativas de su trabajo. Porque sin duda él lo ha permitido. Hubiera conseguido más interés todavía por ver la película como fuera. Quizá hubiera conseguido que aquella piratería de emule renaciera, y que ahí sí, se compartiera ese formato televisivo antiguo con el que ver todo el fotograma rodado por el director. En una pantalla pequeña, o grande para una casa, pero dejando mucha pantalla en negro. Durante años el cine también lo hizo con su Scope, hasta que las televisiones se volvieron rectangulares. Ahora vemos algunas series clásicas con zonas negras verticales en los extremos. Y no pasa nada. Lo mismo podría suceder en el cine. Pero nadie se ha atrevido.

Esconder el cine que va a estrenarse a veces es una de las herramientas de promoción más eficaces. No hace muchos meses, y ya hemos olvidado, sucedió lo mismo con Torrente Presidente. La nueva película de Santiago Segura, que tras muchas cintas familiares, todas éxitos de público, volvía a recuperar al personaje que lo llevo a la fama española. Ahora elevado al máximo nivel de estupidez humana. La campaña promocional fue nula.

Si viajamos en el tiempo, con el estreno de la primera entrega de Torrente, recordaremos como Santiago Segura no dejó de estar presente en tantos medios de comunicación como pudo. Presentaba la película sin parar. Era el creador del personaje, le daba vida, escribió y dirigió la película, y se dedicó en cuerpo y alma en promocionarla. La enseñaba, la llevaba en el pecho, camiseta que se hizo popular y no dejaba de regalar por todos lados. Creaba las ganas diciendo algunos de los cameos que saldrían, y diciendo que habrían muchos más. Sin redes sociales, fue una campaña de gran impacto.

Su última película, ahora con redes, ha sido lo opuesto. Ni poster, casi sin entrevistas, sin enseñar la película, ningún trailer, nada de dar nombres de los cameos. En un momento donde convertirse en viral podría parecer más fácil, lo consiguió hacer sin ofrecer nada. Y aún así, volvió a liderar las sesiones más vistas en su estreno y días siguientes.

Lo que demuestra que el arte del cine, hoy ya no es sólo la de saber contar una historia, que tanto Nolan como Seguro lo hacen muy bien, también hay que tener la capacidad de animar al público a ir al cine y ambos lo consiguen también, y esta capacidad de captar la atención más allá de detrás de las cámaras no todo el mundo sabe, o ni siquiera quiere hacerlo.