#1195 - Presidencia sin poder.

 

 

Mariano Barroso acaba su periodo presidencial en la Academia de Cine. Tras heredar la presidencia tras el fallecimiento de Yvonne Blake, ha seguido comandando la institución, con una clara intención de salir de su sede cenral en Madrid, y sin dejarla, llegar al resto del territorio. Comenzando con los Premios Goya, pero poco a poco, dando apoyo al resto de eventos cinematográficos nacionales y creando otros, como sucede en su sede central, en el resto del terreno.

Es un éxito para la Academia tener cuatro candidaturas, cuatro ternas, que quieran asumir el puesto de la presidencia de la Academia. Tres de ellas encabezadas por cineastas mujeres, y todas haciendo gala de una igualdad, ecología y descentralización. Realmente la diferencia entre unas y otras era mínima. Ni si quiera en las preguntas repetitivas del resto de representantes de la Academia presentes en el evento de presentación, ni de la prensa, se escapaban mucho de las mismas respuestas.

Un tema repetitivo era el de la inclusión en los Goya de premios para las series. La respuesta lógica era decir que la Academia de la Televisión debía dar un salto adelante y crear unos grandes premios aprovechando la fuerza de las series, y que a través de ellos se reconocieran todas las areas televisivas. Pero hubo mucha duda en la respuesta, como si quisieran hacerse suyas las series, cuando es cierto que es un producto audiovisual, pero no es lo mismo una serie que una películas, de la misma manera que no es lo mismo un telefilm que una película, y durante años lo han separado y nadie lo ha criticado hasta ahora.

El dato más curioso, y quizás el más peligroso, es que las cuatro candidaturas que se presentaron recordaron que no tenían ningún poder ante una Junta contraria a sus propuestas. Entonces no volvieron los nombres de Antonio Resines y Alex de la Iglesia a la cabeza, cuando acabaron saliendo de la Academia con una tristeza de no haber podido haber hecho todo lo que les hubiera gustado hacer para mejorar el cine español aprovechando su presidencia.

La Academia tiene una Junta que es la que toma las decisiones finales de hacia dónde se dirige la Academia. Una Junta que cada dos años cambia la mitad de sus representantes, con lo que le da una movilidad y un frescor para que pueda ir actualizándose cuanto antes mejor. Pero por otro lado, quedaba claro que votar a una presidencia u otra lo único que acababa por definir es quién dará el discurso en la ceremonia de los Goya (breve por favor) y quién dará la cara cuando la Academia deba ser representada en algún evento.

Queriendo o no, se dejó claro que tener el cargo de la presidencia de la Academia es un simple cargo administrativo y no decisorio, sin tener claro si era simplemente una información, o una queja para que la terna presidencial pueda tener una fuerza mayor en la Academia y de esta manera poder presentar proyecto mucho más ambiciosos en sus candidaturas y que realmente puedan aplicarse en su legislatura. Retos más ambiciosos para la Academia sin miedo a una Junta negacionista.