#1055 - La manifestación era libre. Él también.

 

 

Después de 4 años encarcelado en Rusia sin juicio. El cineasta Oleg Sentsov ha quedado en libertad. Pero son esas libertades agridulces. Por supuesto su felicidad es clara, como la de sus familiares que lo esperaron con gran alegría en la pista del aeropuerto donde aterrizó el vuelo que lo devolvió a Ucrania, junto a 34 prisioneros políticos más de su país. Porque sin lugar a dudas se confirma su condición de preso político cuando no ha existido un juicio público, libre, auditado y por supuesto, su método de liberación. UN intercambio de presos. Como en cualquier guerra. Como en las películas. Uno de los métodos más claros para reconocer que sólo se tiene en la cárcel a esas personas para hacer daño al estado, a la sociedad, pero no por el daño que éstas hayan podido causar a las mismas.

Decir que ha sido agridulce lo puede mostrar la nota de prensa que ha ofrecido la EFA. La Academia de Cine Europeo ha sido una de las voces internacionales que nos ha ido recordando en cada evento que Sentsov seguía encarcelado. Pero su noticia oficial ha sido simplemente que ha quedado en libertad, y se alegran de ello. Nada más. Nada de información. Nada de explicación de cómo ha conseguido su libertad. No se cuenta nada de su inocencia, su culpabilidad, su condena cumplida o su huida. No hay explicación de cómo ha llegado su libertad. Cómo ha vuelto a casa.

La realidad, el intercambio de presos, lo único que hace es confirmar que se trataba de un preso político. A quien habían encarcelado por defender sus ideas. Por querer hacerse escuchar. Por, simplemente, hablar. Mientras que los otros presos, los rusos, con condenas consolidadas, con actos de todo tipo. Contrastado todo, sean liberados a cambio de la libertad de personas inocentes, hace daño.

Ese es el sabor agridulce de la libertad de Sentsov. Algo que se pedía desde hace mucho. Pero se quería una libertad sin condiciones, sin condicionantes. Sin nada que precisamente, hiciera dar un mal regusto a su noticia. Pero la vida, la guerra, la política, es así de cruel. Ahora toca esperar ver el próximo trabajo de Sentsov.